En los últimos años hemos visto cómo muchas marcas logran convertirse en tendencia y desaparecer con la misma velocidad. Alcanzan picos de interacción, generan conversación inmediata y obtienen métricas llamativas. Sin embargo, semanas después, nadie recuerda qué dijeron ni qué representaban. La Campaña no funcionó.
El problema no es la tendencia en sí. El problema es cuando se confunde tendencia con estrategia. Muchas veces no estamos frente a una campaña real, sino ante ejecuciones tácticas montadas sobre una ola pasajera. Cuando una marca construye únicamente para alimentar el algoritmo, depende por completo de la vida útil de ese recurso viral.
“Cuando una idea nace solo para aprovechar una tendencia, su fecha de vencimiento ya está definida”, explica Oscar Cisne, director Creativo de CEM. “Una campaña real es una construcción estratégica integral. Parte de un mensaje sólido que puede vivir en múltiples medios y sostenerse en el tiempo”.
Las tendencias, por definición, suben rápido y bajan rápido. El algoritmo deja de premiarlas y el mensaje pierde alcance, relevancia y recordación. Si la idea no está anclada a un propósito de marca o a un insight real del consumidor, desaparece junto con la ola.
Lo que hace que una idea realmente perdure
Las ideas que permanecen no nacen de lo que está de moda, sino de lo que es humano. Perduran cuando responden a una necesidad, deseo o tensión que no desaparece en una semana. Puede cambiar la plataforma, el contexto o la ejecución, pero el problema que resuelven sigue vigente.
En CEM entendemos que el centro de toda estrategia creativa es el insight. Ese momento en el que el consumidor piensa: “Eso me pasa a mí”. Cuando una campaña logra ese nivel de identificación, deja de ser publicidad y se convierte en conversación.
“La creatividad sin insight es estética. La creatividad con insight es estrategia”, afirma Cisne. “Si no estamos conectando con algo real en la vida del consumidor, la idea puede ser llamativa, pero no será memorable”.
Las marcas memorables no se construyen sobre lo que está de moda; se construyen sobre lo que las personas sienten y viven constantemente.
Nuestro proceso creativo comienza entendiendo qué necesita realmente el cliente. No todo es una campaña anual; a veces es una acción puntual. Otras veces, es una plataforma estratégica de largo plazo que debe sostener coherencia durante meses o incluso años.
Antes de pensar en formatos o ejecuciones, en CEM nos hacemos tres preguntas clave: ¿Cuál es el objetivo real del negocio? ¿Qué problema estamos resolviendo? ¿Durante cuánto tiempo debe vivir esta idea?
A partir de esas respuestas, traducimos el desafío en un concepto creativo adaptable a distintos canales sin perder coherencia. No construimos desde el formato; construimos desde el mensaje. Cuando la idea es sólida, puede evolucionar sin fragmentarse.
“No pensamos primero en el reel, el spot o la activación, pensamos en la idea. Si la idea es fuerte, puede adaptarse a cualquier formato sin perder su esencia”, señala Cisne.
Errores que debilitan la creatividad
En el panorama actual vemos errores que se repiten con frecuencia. Uno de ellos es construir desde lo negativo como recurso fácil para llamar la atención. Aunque puede generar impacto inmediato, muchas veces diluye el atributo positivo del producto y debilita el posicionamiento.
También es común quedarse con la primera idea. Por urgencia o presión, se aprueban titulares genéricos o frases que podrían pertenecer a cualquier categoría. Si una frase podría usarla cualquier marca, no es diferenciadora.
Otro error frecuente es pensar exclusivamente desde la marca y no desde el público. Cuando la comunicación se centra únicamente en lo que la empresa quiere decir y no en lo que el consumidor necesita escuchar, la conexión se pierde.
“Muchas veces se confunde creatividad con ocurrencia”, explica Cisne. “Ser creativo no es hacer algo llamativo por sí mismo ni subirse a todas las tendencias. La verdadera creatividad resuelve un problema de negocio de forma memorable. Tiene intención, estrategia y propósito”.
Creatividad que construye territorio
La creatividad estratégica no solo genera alcance; construye posicionamiento. Cuando una marca comunica consistentemente desde un concepto claro y diferencial, comienza a ocupar un espacio definido en la mente del consumidor. Ese espacio no se gana con piezas aisladas, sino con coherencia sostenida en el tiempo.
En CEM creemos que las marcas fuertes no nacen de impactos esporádicos, sino de plataformas creativas que evolucionan sin perder su esencia. Esa consistencia es la que transforma campañas en identidad, mensajes en reputación y creatividad en preferencia.
“No se trata de perseguir cada tendencia que aparece, sino de definir qué queremos representar como marca y qué lugar queremos ocupar en la mente del consumidor”, concluye Oscar Cisne. “Lo inmediato genera métricas. Lo estratégico genera marca”.


